Después de casi 3 semanas de trabajo decidimos tomar un descanso, serían 24 horas, que mi amigo Víctor se encargaría de que fuesen originales y divertidas.
Salimos de San Agustín al anochecer, recogiendo a un joven de confianza, el herrero del pueblo, porque nuestro destino era la parroquia del Padre Pancracio, en un pueblecito cerca del Petén, para buscar «el tesoro de Don Porfirio», su antiguo párroco, recientemente fallecido, dejando una gran caja fuerte llena de misterios.
Cuatro horas de caminos entre trailers antes de comenzar. A duras penas movimos la caja entre el herrero, los curas y el doctorsito, trabajando con destornilladores, martillos y por último una máquina eléctrica para cortar acero. En media hora apareció el tesoro, 3 bolsitas de monedas de 25 centavos de quetzal, supuestamente de una colecta, que no alcanzaron ni para pagar al muchacho.
Pasé un buen rato, riendo y bromeando, hasta que sorteamos los dormitorios. Tuve el privilegio de descansar en la cama donde pocas semanas antes había muerto Don Porfirio. Ahí, sin querer ofender a su espíritu, le estuve explicando nuestras intenciones, mientras los mosquitos me picoteaban… El cansancio acumulado hizo que abandonara mi cuerpo (a los mosquitos) y mi alma (a Don Porfirio), y despertar sonriendo pensando que íbamos de excursión a Livingston.
Este municipio está situado en el Caribe guatemalteco, poblado por habitantes de la etnia garífuna, desde el siglo XVIII. Atraen al turismo por sus danzas, cantes, fiestas, costumbres y gastronomía. Tiene cierto encanto, pero lo realmente hermoso es el recorrido que se hace en lancha a través de Río Dulce, desde el lago Izabal al Mar Caribe, entre selva, canales, canoas y cabañas que hablan del pasado…
Mañana continúo el trabajo, concretando compromisos, elaborando acuerdos y supervisando la marcha de los proyectos.
- Trabajo fino de cerrajería
- «Tesoro de Don Porfirio»
- Inscripción de la caja fuerte
- Niños regresando de la escuela en Río Dulce
- Doctorsito y Padresito de excursión
- Selva en Río Dulce
- Mi amigo Víctor
- Vida en el río








Ay Doctorsito! Que ya me imagino lo que te pudiste reír.
Gracias por abrirnos una ventanita y dejarnos ver el extraordinario trabajo que haces. Siempre de buen humor, siempre sonriendo…. Seguro que eso también cura.